LA ESPADA DEL GENERAL JOSE DE FABREGA:
                UNA VIDA AL SERVICIO DE SU PUEBLO

             Discurso ofrecido en la Cena de Gala de la
                 Familia Fábrega el 14 de abril del 2010

                 Por: Manuel José Berrocal Brostella Fábrega

        Quiero agradecer a los organizadores de este evento por concedernos la oportunidad de brindarles una relación de los aspectos más relevantes de la vida del General JOSE DE FABREGA.

        Pero antes de ello, y en primer lugar, es obligante para nosotros el justificar la posesión de la espada del General JOSE DE FABREGA y poder así, reafirmar la legitimidad de la procedencia de tan valioso objeto que actualmente reposa en manos de mi padre, MANUEL JOSE BERROCAL FABREGA.

        Durante muchos años, la espada del General JOSE DE FABREGA estuvo en poder de nuestra tía abuela, INES FABREGA DE PRIETO, insigne educadora nacional y hermana de nuestra abuela, HILDA FABREGA DE BERROCAL.  Nuestra Tía INES, siempre fué considerada  por mi padre como su segunda madre y siempre vivió con nosotros después de enviudar en el año de 1957 al morir su esposo, JORGE PRIETO.

        Nuestra tía abuela, INES FABREGA DE PRIETO, recibió la espada de su tía INESITA FABREGA, hermana de nuestro bisabuelo, BERNARDO FABREGA.  Tanto BERNARDO FABREGA, como INESITA FABREGA eran hijos de JOSE MANUEL FABREGA y de INES  AROSEMENA, ésta última, a su vez, por otra rama de la familia, hija de nuestro insigne e ilustre JUSTO AROSEMENA, tatara tatara abuelo nuestro.

        JOSE MANUEL FABREGA era hijo de WENCESLAO FABREGA y WENCESLAO FABREGA era hijo del General JOSE DE FABREGA.  Así, mi padre, MANUEL JOSE BERROCAL FABREGA hereda esta espada de su tía, INES FABREGA DE PRIETO.

        Con fundamento en la información genealógica mencionada y que heredamos de nuestra tía INES, de mi abuela, de mi padre y a su vez de sus antepasados en forma sucesiva, nos facultan para afirmar la autenticidad de esta reliquia y que hoy, ante gran gala, le presentamos a ustedes, la familia FABREGA.

        Esta espada que, por herencia, actualmente reposa en nuestro poder, representa para Panamá mucho más que un pedazo de metal desgastado, reliquia o pieza de colección.  Hoy en día representa nuestra identidad como nación y los valores que casi dos (2) siglos más tarde, muchos consideran que hemos perdido.

        El próximo veintiocho (28) de noviembre, 189 años después de la independencia del Istmo de Panamá de la Corona Española, todos los panameños le debemos un reconocimiento público a quien en vida fué el General JOSE DE FABREGA, insigne patriota, muchas veces olvidado, cuyo vasto legado moral nos debe servir de ejemplo en estos tiempos tan desarraigados de dicha virtud.

        Habiendo dicho esto, nos corresponde hacer referencia a los aspectos más relevantes de la vida del General JOSE DE FABREGA y a los hechos históricos que lo ubican en un sitial único en la historia de nuestra nación.  No solamente como protagonista principal de la gesta independentista de 1821, sino por el indispensable papel que juega en los primeros años de nuestra identidad, vida nacional y lo valioso de su legado moral.

        Con ello, no pretendemos dar cuenta detallada de su extensa biografía, ni de todos los detalles históricos que distinguen su vida, pero sí creemos oportuno recordar algunos de los hechos protagonizados por él que, a nuestro  juicio,  podrían  ser  los  más  relevantes  de  nuestra  incipiente  vida como Nación.

        La biografía del General JOSE DE FABREGA y en gran parte los acontecimientos históricos protagonizados por él, durante y después de la independencia del Istmo de la Corona Española, se encuentran difusos en los escasos textos y escritos sobre el tema, pero nos esforzaremos en proporcionarles una perspectiva que nos permitan apreciar lo valioso de su legado.

        El General JOSE DE FABREGA nace en la Ciudad de Panamá, el 19 de octubre de 1774, como hijo de militar.  Se caracterizó por ser un hombre de honor, de elevados principios, gran honestidad y de vida familiar, pero sobre todo, por ser un hombre justo.  Y por ello . . .  se ganó el corazón de su pueblo que vio nacer.  La entrega a su patria, sin importarle títulos, honores, medallas o distinción alguna, lo distinguió: el deseo de servir a la nueva  nación  con  la  cual  siempre  soñó  y  el  poder  garantizarle  un verdadero  estado  de  derecho,  por  encima  y  en contra de toda adversidad o tentación.

        En 1797 fue graduado de Teniente; en 1812 era Capitán; en 1815 fué ascendido a Teniente Coronel y en 1821 fué nombrado Primer Gobernador del Istmo de Panamá.

        El deseo de independencia era un sentimiento universal en todas las colonias.  Y en Panamá, no fué la excepción.

        El hecho que marca el inicio de la cadena de acontecimientos de nuestra independencia fué cuando el General JUAN DE LA CRUZ MOURGEON, oficial de la Corona Española al mando del Istmo de Panamá y casi todas sus fuerzas militares, se vieron obligados a abandonar el Istmo de Panamá en 1821 y dirigirse al Ecuador, desde donde tenían ordenes de reconquistar el Virreinato de la NUEVA GRANADA.

        En este punto, JOSE DE FABREGA, en aquel momento Teniente Coronel y Gobernador Político y Militar del Departamento de Veraguas, asume el mando del Istmo.

        La chispa independentista prendió en La Villa de Los Santos, donde se dió el primer grito de libertad el 10 de noviembre de ese año 1821 . . . repetido con entusiasmo por otros pueblos.  No obstante, a pesar de no declararse gobierno alguno, ese levantamiento espontáneo del pueblo santeño causó una fuerte impresión en la capital.
        A raíz de estos acontecimientos, el General JOSE DE FABREGA, ya identificado con los patriotas, convoca el 20 de noviembre a una reunión en su propia casa, a la cual asistieron todas las fuerzas políticas, civiles y eclesiásticas.  Lo propuesto en dicha junta, no fué el repudio a los acontecimientos  originados  con  la  proclamación de independencia de la Villa de los Santos, sino la organizada coordinación de la revolución mediante la consulta popular.

        Seguido de varios acontecimientos e intrigas propias del momento, el pueblo panameño, agitado, se amotina el 28 de noviembre de ese año 1821 e invade la Plaza de la Catedral, pidiendo, enardecido, la convocatoria a un Cabildo Abierto para declarar la independencia y adoptar la forma republicana de gobierno.

        Allí, públicamente, se adopta la siguiente declaración:   “Panama espontáneamente y conforme al voto general de los pueblos de su comprehensión, se declara libre e independiente del gobierno español.”

        Al discutirse sobre cuál sería el gobierno a establecerse, se escoge la adhesión a Colombia, a cuyo Congreso iría a representar oportunamente su diputado.

        Y fué en ese preciso momento que la batalla más importante de su vida fué librada en la mente de nuestro querido General: FABREGA  llega  por  primera  vez  a  una  encrucijada, en esta ocasión como individuo, como ciudadano panameño que era . . . que puso a prueba su moral, su capacidad de decidir conforme a su propia conciencia e inclinación de su propio corazón.

        Y como panameño, conjuntamente con amigos y familiares, conocidos y respetados, queridos y compañeros, avala el sentimiento de lo inevitable: el derecho a ser libres, a dueños de su propio destino; y, al mismo tiempo, quizás lo más importante, logra evitar, como en efecto evitó, el derramamiento de sangre que bajo tales circunstancias, siempre suele ocurrir.

        Da entonces paso firme y decidido a la inevitable transición que él tanto anhelaba y que estaba ocurriendo en todo el nuevo mundo.  Y lo hace con convicción, con el palpitar de un corazón patriota, con heroica hidalguía y austeridad, proyectando la fiel imagen bolivariana de caballero augusto, perteneciente a la casta de los genuinos emancipadores.  Todo ello, unido a su gran valor y firmeza de carácter, le llevaron a alcanzar el eminente prestigio de que gozó entre aquellos hombres que, entregados a los ideales magnos, sacrificaron hogar, vida y fortuna luchando por la independencia y por una nación donde prevaleciera la moral, la justicia, la equidad y la voluntad de las mayorías, tal cual había sido el reflejo de su propia vida.

        Es así, JOSE DE FABREGA, declarado Jefe Superior y primer Gobernador Civil, reconocido en tal cargo por la Junta Revolucionaria y posteriormente legitimado por el nuevo Gobierno del Istmo.

        Ya  dentro de sus nuevas funciones, dicta  las providencias conducentes para preservar la seguridad del Istmo y los jefes, oficiales y soldados españoles fueron trasportados fuera de Panamá, luego de entregar voluntariamente las fortalezas de CHAGRES y PORTOBELO.

        Pero escasamente dos (2) días después de la proclamación de la indenpendencia, el 30 de noviembre, durante la ceremonia formal de juramentación del nuevo gobierno, ya a cargo de FABREGA, un suceso inesperado que conmocionó a la nueva nación, nuevamente pone a prueba la voluntad y capacidad del nuevo Gobernador: Dos (2) fragatas de guerra, distinguidas con los nombres de LA PRUEBA y  LA VENGANZA, de 50 y 44 cañones respectivamente, acompañadas de otros navíos pertenecientes a la flota del General MOURGEON, amanecen en la Isla de Taboga.

        Inmediatamente, ordena que todo hombre apto para tomar un fusíl o una espada, se armase y prestase servicio en defensa de la nación ya emancipada.   Una vez más, las habilidades diplomáticas y fortaleza de carácter del mismo, logran producir una tregua que le permitió a los navíos españoles permanecer en las nuevas aguas panameñas lo estrictamente necesario para reabastecerse y partir.

        Con habilidad y tino, a sabiendas de que un enfrentamiento militar con los españoles hubiese dejado graves secuelas, fué que su primer conflicto como gobernante se resolvió satisfactoriamente y su gobierno inicia con bases sólidas.

        Pero este no sería el último peligro al cual se tendría que enfrentar para preservar la democracia, justicia y libertad de la nueva nación.

        En 1830, estando FABREGA a cargo del Gobierno Civil desde el Departamento de Veraguas, el General JOSE DOMINGO ESPINAR, en ese entonces al frente de la Comandancia Militar, se le ocurrió segregar el Departamento de Panamá de la unidad nacional comprendida por Veraguas y Panamá, para formar un estado independiente,  bajo  su  jefatura,  esgrimiendo  como  bandera, una falsa pugna de castas.

        Como era de esperarse, JOSE DE FABREGA  se  opone enérgicamente al golpe de estado propinado por ESPINAR; y, cuando este último parte hacia Veraguas para combatir con el contingente que había organizado FABREGA, el Coronel JUAN ELIGIO ALZURU, a quien ESPINAR había dejado al mando, derroca a este último en su ausencia.

        Lo que al principio parecía ser un buen gobierno y el elogio de muchos poco duró y ALZURU, víctima de la pasión por el poder, propina un golpe de estado.  Concentró los dos (2) poderes, el militar y el civil, en su persona . . .  al mismo tiempo que imponía  un  gobierno  tiránico  que  culmina  con  el  destierro de FABREGA, quien conjuntamente con otros próceres de la gesta independentista, es embarcado hacia el extranjero.

        FABREGA, logra persuadir a los capitanes de los navíos para que lo liberasen en Montijo, Veraguas, desde donde emprendería  la nueva  lucha por  restablecer  el  orden  civil  y  la  legitimidad  en  el  país.

        El 25 de agosto de ese mismo año ya estaba en La Chorrera y el 26, cerca de la capital.  El 27 unifica fuerzas con un joven comandante de la época, el Coronel TOMAS HERRERA y juntos ganan la batalla en contra de los ejércitos de ALZURU.  ALZURU es juzgado y ejecutado por sus crímenes, en el mismo patíbulo que había levantado y utilizado para cercenar muchas vidas, en la Plaza de la Catedral.

        De esta manera, JOSE DE FABREGA, no solamente contribuyó al nacimiento de nuestra pequeña pero gran Nación, sino que fué el decisivo y determinante  elemento  moral  que  estabilizó el Istmo  y  lo encaminó por el buen sendero, hacia una legítima existencia, en una época en que era mucho más fácil gobernar con el sable y el fusíl . . . época caracterizada por frágiles y recién estrenadas democracias, a muchas de las cuales les faltó lo que  muy  humildemente; y, ciertamente libre de todo desprendimiento material,  nos brindó nuestro caballero, patriota y emancipador: un  buen  gobierno civil.

        Vemos, pues, que el mayor legado que este hidalgo líder nos haya podido dejar, es que aunque no vaciló en esgrimir su espada con firmeza cuando la patria más lo necesitó, ejerció su cargo militar con una  visión  civilista,  como genuino estadista que sentaba las bases para una  República a la cual sentía que debía servir.

        No fué en el campo de batalla, sino desde el despacho  de gobierno que su valioso aporte nos debe servir de  ejemplo:

No utiliza su cargo militar para perpetuarse en el  poder y servirse de él; por el contrario, lo ejerce  con honor, sencillez  y humildad, en beneficio de  una nación que vió nacer, tal como un buen padre  sirve a su hijo . . . y le otorga el legado de un  buen nombre.

        En nuestra opinión, la gloria del General JOSE DE FABREGA lo representa su forma de vida . . . de sacrificios, particularmente en lo personal y en lo familiar, por un ideal, por una moral y por habernos regalado una paz nacional que nos permitió surgir como nación . . . una nación de gran corazón.

        Y por todo ello, fué distinguido con el más alto reconocimiento por parte del General SIMON BOLIVAR, quien lo nombró:  "LIBERTADOR DEL ISTMO".

        Es oportuno resaltar las palabras del General SIMON BOLIVAR, Libertador de América, en nota enviada al General JOSE DE FABREGA, luego de emancipado el Istmo:

“NO ME ES POSIBLE EXPRESAR EL SENTIMIENTO DE GOZO Y ADMIRACION QUE HE EXPERIMENTADO AL SABER QUE PANAMA, EL CENTRO DEL UNIVERSO, ES SEGREGADO POR SI MISMO, Y LIBRE POR SU PROPIA VIRTUD.  EL ACTA DE INDEPENDENCIA DE PANAMA, ES EL MONUMENTO MAS GLORIOSO QUE PUEDA OFRECER A LA HISTORIA NINGUNA PROVINCIA AMERICANA. TODO ESTA ALLI CONSULTADO: JUSTICIA, GENEROSIDAD, POLITICA E INTERES GENERAL.”
        Finalmente, el General JOSE DE FABREGA regresa a la Ciudad de Santiago de Veraguas, donde se mantuvo como Gobernador hasta 1835.  Fué electo Senador al Congreso Nacional en 1837 y en 1838, último cargo público que ejerció antes de su muerte el 11 de marzo de 1841.

        Con  excepción  del  nombre  que  hoy  se  le  da  a la  Escuela de Enseñanza  Superior  de  la  Academia  de  Policía, su  nombre  y  figura  no  ha  recibido  otro  tributo  público  en  este  país, más que la sencilla lápida que yace en la Catedral de Santiago, cuyo epitafio lee:

“DICHA Y REPOSO PARA MI PATRIA Y VIRTUDES PARA MIS HIJOS.  ESTAS FUERON LAS ULTIMAS PALABRAS DEL GENERAL JOSE DE FABREGA, CUYOS RESTOS MORTALES YACEN BAJO ESTA LOSA.  SU CARA ESPOSA CON  9  HIJOS LE PERDIERON EL 11 DE MARZO DE 1841, Y A SU TRISTE MEMORIA  LE  TRIBUTAN ESTE DEBIDO HOMENAJE DE GRATITUD.  EL VIVIO HASTA LA SENECTUD.  SU VIDA PUBLICA SIEMPRE SOSTUVO EL ORDEN: BAJO AL SEPULCRO ECSENTO DEL CRIMEN; PADRE AMOROSO, AMIGO FIEL, FUE FRANCO Y GENEROSO CON EL DEBIL, EL MENESTEROSO Y DESVALIDO, Y AL DESAPARECER LEGO A SUS DEUDOS HONOR Y VIRTUDES.”

        Esperamos que el ejemplo por él dado pueda, en medida alguna, ayudarnos a reflexionar sobre nuestro origen . . .  sobre los principios, ideales y valores morales por los cuales vivió . . . e influenciar en nuestras vidas . . . y brindarnos la oportunidad y el coraje de hacer lo correcto, aún . . . en medio de la peores circunstancias.

Muchas gracias.

Panamá, 14 de abril del 2010.

Manuel José Berrocal Brostella Fábrega
Tel (507) 260-1097 | Fax (507) 260-1098
mjberrocal@berrocal.com.pa | www.berrocal.com.pa
El autor es abogado y descendiente directo del General JOSE DE FABREGA.

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